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¿Por qué nos besamos?



Nunca se han preguntado: ¿Por qué nos besamos? ¿Es algo que hacemos por que lo hemos visto toda nuestra vida o es una especie de pre programación que tiene nuestro cerebro?
Besarnos, intercambiar saliva , microbios y jugar con nuestra lengua es algo que, si lo vemos objetivamente, hasta raya en lo asqueroso, ¿no? Entonces, ¿por qué nos gusta tanto?



Besarse ha sido una actividad casi tan vieja como nuestra existencia. Las culturas antiguas, como los sumerios, describen el beso “de lengüita” en su poesía. El Kamasutra, la guía sexual mas antigua (240 d.C), dedica un capitulo entero exclusivamente a las diferentes formas de besarse. Durante el imperio romano todo mundo se besaba entre sí, y el status social se podía notar por la parte del cuerpo del emperador que les estaba permitido besar. Entre los persas, en la antigüedad, los hombres del mismo nivel económico y social se daban besos en la boca.
Esto cambió dramáticamente en el ascenso de la cristiandad. Besarse con propósitos románticos desapareció en muchas culturas (al menos públicamente) por varios cientos de años, hasta que re emergió en el siglo onceavo en las cortes reales.

Pero ¿porque besarse se siente tan bien, que estamos dispuestos a descartar todos nuestros hábitos higiénicos? ¿Lo hemos aprendido o es algo instintivo?.

La respuesta es: un poco de cada cosa.



Hay algunos científicos que creen que, al menos en una parte, besarse tiene su origen en el tiempo en el que nuestros ancestros usaban sus lenguas para pasar comida triturada a los mas pequeños (a falta de papillas o utensilios que pudieran triturar los alimentos que le siguen a la leche materna correctamente). Además de su uso práctico, también se empezó a asociar con el sentimiento de confort y seguridad que el ser alimentado nos proporciona. Así que esta actividad pasó de ser un comportamiento de supervivencia animal a el subconsciente colectivo como un placer que nos une y nos demuestra amor desde el inicio de nuestra vida.



Un hecho que apoya otra teoría que sostiene que besarse es una acción mas aprendida que instintiva, es que además de ejemplos históricos de culturas que no se besan con propósitos románticos, hoy en día el 10 % de los humanos no se besan en lo mas mínimo. 
Aun así 90 % de nosotros si. Pero, pensarías que hemos evolucionado lo suficiente como para no seguir intercambiando mas gérmenes de los necesarios, ¿no?




Pues, además de toda esta teoría de la alimentación, existe otra que dice que sin importarnos el riesgo de adquirir una enfermedad por contagio, el besarnos nos ayuda a “olfatear” los mejores genes posibles. Existen algunas culturas en las que las bocas no tienen contacto y los besos se dan mediante el roce de las mejillas o la nariz. Cuando dos personas están lo suficientemente cerca como para besarse,  son capaces de oler las feromonas de el otro y esto manda una alerta química a su cerebro sobre si vale la pena o no continuar. Básicamente, a nivel subconsciente, decidimos si nuestros genes son compatibles con los del nuestro compañero y así creamos bebés menos propensos a enfermedades. 

Una vez dicho esto, es interesante notar que hay estudios que han demostrado que, aunque a todos nos gusta besar, en general los hombres tienden a besar mas a menudo antes de un encuentro sexual (que es cuando se da el intercambio de material genético) y las mujeres después (cuando la función es promover la unión y la identificación) .


Además resulta que, las hormonas que tu cuerpo libera durante una sesión de besos, cambia dependiendo la etapa de tu relación. Besar a un compañero nuevo estimula la liberación de dopamina, que crea este sentimiento de “amor nuevo” que casi todos conocemos, esta sensación de excitación y deseo (y estupidez). Por otro lado, tu cerebro libera oxitocina cuando has estado besando a un mismo compañero durante cierto tiempo, y esto proporciona unión, intimidad y la capacidad para aventarte interminables jornadas de comida y películas con una misma persona.

Como bonus extra, se ha encontrado que en las culturas en las que besar es común, las parejas de larga duración que se besan regularmente han demostrado tener relaciones mas sanas y satisfactorias que aquellas que no.


Así que, además de todo el alboroto químico y las teorías científicas y evolutivas que giran alrededor del acto de besar, es un hecho que nuestros labios y nuestro cuerpo en general, está llenos de terminales nerviosas que se estimulan con el contacto de aquellos que nos atraen. Tan es así, que todo ese intercambio microbiano nos causa un enorme placer y de paso, hasta ayuda a reforzar nuestro sistema inmunológico. 


Texto por: Carla Carrillo
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